lunes, 16 de marzo de 2015
Flavio Alfaro
Flavio Evaristo Alfaro Santana. General y revolucionario liberal ecuatoriano, n. Montecristi el 22 de junio de 1865 – f. Quito el 28 de enero de 1912. Hijo de Ildelfonso Alfaro Delgado y de Adela Santana.
Sobrino del Gral. Eloy Alfaro Delgado, ex presidente del Ecuador y líder de la Revolución Liberal a inicios del siglo XX. El rol delGeneral Flavio Alfaro durante la época Alfarista, fue bastante notable. Se inició como miembro activo del liberalismo radical, liderado por su tío, Eloy Alfaro pero luego peleó ese liderazgo, entrando en pugna definitiva con él. De todos los parientes directos de Eloy Alfaro, fue el más involucrado en la actividad política.
Primeras incursiones políticas[editar]
En 1903, durante el primer mandato del gobierno Liberal, ostentó el cargo de Ministro de Guerra y prohibió la pena de azotes en el ejército.1 En las elecciones de 1905, estuvo próximo a ser el máximo representante del liberalismo radical (una de las dos alas del liberalismo). Cuando esto courrió, fue inmediatamente destituido por el presidente Leonidas Plaza Gutiérrez, quien había ya marcado distancia con los alfaristas. Finalmente, la Asamblea de la Junta Patriótica del Partido Liberal, convocada por Eloy Alfaro, eligió como candidato oficial a la presidencia a Ignacio Robles, evitando que se desate (al menos por el momento) una guerra civil.
§Ruptura definitiva con los Alfaristas[editar]
Más tarde, en 1911 y luego del mandato de Eloy Alfaro, Flavio volvió a presentar su candidatuda al partido pero esta vez sin el apoyo de su tío, quien temía que estallase un escándalo por nepotismo en medio de altos niveles de tensión que se vivían ya, entre las dos alas del liberalismo. Flavio Alfaro perdió las elecciones ante Emilio Estrada (candidato apoyado por Eloy Alfaro). Ante la derrota, se inició una confrontación directa entre el sobrino y el tío. Flavio insistía en su candidatura y en su intención de asumir el poder si Emilio Estrada no se encontrara apto para asumir el cargo (Estrada tenía serios problemas de salud). Temeroso de que las declaraciones de su sobrino se conviertan en amenaza latente, y de la violencia que podía generar la muerte de Estrada en el poder, Eloy Alfaro le pidió la renuncia, pero este se negó. En lugar de ello, Emilio Estrada sugirió nombrar como Ministro de Guerra a Manuel Antonio Franco con el fin de perseguir a los flavistas, que ya se percibían como conspiradores. La rivalidad entre flavistas y alfaristas polarizó el escenario social todavía más y los vientos de guerra ya empezaron a sentirse.
Las confrontaciones llegaron a su punto más álgido cuando Eloy Alfaro buscó destituir a Emilio Estrada desde el Congreso, y en el intento, Flavio Alfaro presionó para conseguir una enmienda en la Constitución que le permita asumir el poder (por ser el segundo candidato más votado). Sin embargo ninguna de las dos cosas ocurrieron. No se consiguió la destitución de Estrada, y Eloy Alfaro frenó además toda pretensión de su sobrino, de manipular la ley a su conveniencia. Con estos acontecimientos, Eloy Alfaro perdió también la amistad y cercanía de Estrada, uno de sus pocos seguidores fieles. Por su parte, Flavio buscó también apoyo dentro de la esfera militar, para entonces ya muy dividida.
Cuando Emilio Estrada muere en el poder de un ataque al corazón, a penas tres meses después de asumir el mando (y sobre lo que muchos ya habían advertido), el caos empieza a desatarse en el país. Flavio Alfaro ya tenía lista su insurrección, la misma que estalló en la provincia de Esmeraldas. Este hecho provocó que el general Pedro J. Montero, fiel a Estrada, se autoproclame Jefe Supremo en Guayaquil, el 28 de diciembre de 1911, lo que llenó de ira a los guayaquileños. Sin embargo, la presidencia interina la asumió por ley Carlos Freile Zaldumbide como presidente del Congreso.
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Flavio Alfaro y la hoguera bárbara[editar]
Flavio Alfaro y la hoguera bárbara[editar]
El 5 de enero de 1912, Eloy Alfaro conovoca a una conferencia de paz, en un intento desesperado por detener las matanzas que ya habían empezado a suscitarse en el país. Entre los convocados, estaban representantes de su sobrino Flavio. En esa conferencia, Flavio Alfaro negoció de manera unilateral con el General Pedro J. Montero para desconocer lo propuesto por su tío, y en lugar de ello, lograr ser él, nombrado Director General de la Guerra y General Jefe del Ejército, dejando así todas las negociaciones de paz sin efecto y dando inicio oficialmente a los combates.
El 18 de enero, estalló la batalla de Yaguachi (la tercera más importante, junto con la de Huigra y Naranjito llevadas a cabo el 11 y el 14 de ese mismo mes) en la cual Flavio Alfaro resultó herido y debió ser conducido a Guayaquil. Ese mismo día, Eloy Alfaro a la edad de setenta años, fue designado Director General de la Guerra, a lo que Flavio protestó, por aducir que el General Pedro J. Montero había violado el compromiso de ambos de dejarlo de lado.
Tres días más tarde, el 21 de enero de 1912, se firmó la paz. Montero entregaría las armas a cambio de que Leonidas Plaza ordenase la liberación inmediata de todos los presos políticos (decisión a la que se opuso rotundamente el presidente interino Carlos Freile Zaldumbide). No obstante, no todos cumplieron su compromiso. Un contingente del batallón esmeraldeño "Vargas Torres", precisamente simpatizantes de Flavio Alfaro se negaron a entregar las armas. Este hecho, junto con otra confrontación generada también con grupos antialfaristas, sirvió de pretexto para el gobierno para declarar nulo el convenio de paz por incumplimiento de las tropas rebeldes. La tarde del 22 de enero, Eloy Alfaro, Flavio Alfaro y Pedro J. Montero cayeron presos y tres días más tarde fueron llevados a Quito en ferrocarril (el mismo que había sido construido por don Eloy). En varias ocasiones se intentó hacer entrar en razón al gobierno, insistiendo en que las escaramuzas ocurridas en Esmeraldas nada tuvieron que ver con los generales presos, pues ellos no participaron de ellas. Todo fue en vano.

El 28 de enero, una turba enardecida se tomó las instalaciones del Penal García Moreno, donde estaban recluidos los presos. Ningún agente policial se molestó en brindar las medidas de seguridad para los internos. La turba ingresó con el único propósito de asesinar a los ahí recluidos y así lo hizo. Eloy Alfaro murió de un disparo en la frente, el General Ulpiano Páez luchó hasta el final en su intento de vengar la muerte de don Eloy, pero perdió la vida también, y Flavio Alfaro se defendió como pudo pero "le punzaron los dedos con puñales y lo lanzaron al pavimento".2 Luego todos ellos fueron despojados de sus pertenencias y ropas, fueron apuñalados y golpeados salvajemente, mientras sus cuerpos eran arrastrados inmisericordemente por las calles de la ciudad de Quito. Se sabe que Eloy Alfaro cayó muerto de un disparo en la cabeza, pero no así el resto de los presos, de quienes se desconoce si seguían vivos o no al momento del arrastre. Finalmente, los cuerpos fueron incinerados en el Parque del Ejido, en medio de lo que la historia ecuatoriana calificó como "la hoguera bárbara". La Revolución Liberal había llegado a su fin.
domingo, 15 de marzo de 2015
Oswaldo Guayasamín nace el 6 de Julio de 1919, en Quito, Ecuador. Fue el mayor de 10 hermanos, hijos de una familia humilde. Su padre, de descendencia indígena, se llamó José Miguel Guayasamín y trabajó primero como tractorista y luego como chofer de taxi. Su madre, Dolores Calero, era de descendencia mestiza y se dedicó siempre al hogar y sus hijos.
Su madre muere a los 46 años en una vida de privaciones y pobreza que dejan una profunda huella en un niño de tanta sensibilidad. A sus siete años Oswaldo ya imprime su vocación artística y pinta sus primeras obras, desvelándose por encontrar un lenguaje propio, utilizando leche que le cedía su madre, alimento de su hermano recién nacido, para disolver las pastillas de acuarela.
Sin embargo su vida académica fue más complicada. Fue expulsado de seis colegios por “falta de talento” y mientras su padre lo forzaba para que fuese un chico normal, como sus hermanos, que estudian para una profesión, Guayasamín estudia el rostro -en serio y en broma- de sus maestros que lo sacaban de clases por la ofensa de caricaturizarlos, uno de ellos llegó a decirle «hazte zapatero... porque no sirves para nada». Excepto para pintar.
Con desilusión de su padre, que pierde un doctor en algo, entra en 1933 a la Escuela de Bellas Artes y allí también choca con los moldes y las tradiciones; pronto es el alumno más destacado y al mismo tiempo el mejor maestro. Sus cuadros impactan a todos cuantos los ven.

Su primer encuentro con la crueldad de la vida, el azote de la violencia y la injusticia de los asesinatos, que le llena de ira y rebeldía el corazón, se plasma en el cuadro que titula "Los Niños Muertos" que recoge la brutal escena de un grupo de cadáveres amontonados en una calle de Quito, entre los que consta un chico de su barrio, su mejor amigo, de apellido Manjarrés, asesinado por una bala perdida.
Desde entonces asume una posición frente a las crueldades e injusticias de una sociedad que discrimina a los pobres, a los indios, a los negros, a los débiles.
Su nombre y ascendencia indígena, la pobreza de su infancia, el asesinato de su amigo, la crisis agobiante del año 30, la Revolución Mexicana, la Guerra Civil española, y todo lo que va sucediendo en el mundo le hacen ver y sentir una realidad que se agudiza con el paso del tiempo y frente a la cuál asume una actitud ideológica que se refleja en su concepción plástica y su actitud política.
En 1940 se gradúa de pintor y escultor en la Escuela de Bellas Artes y en 1942 gana sus dos primeros premios en el Salón Mariano Aguilera. A esta exposición asiste Nelson Rockefeller, en ese entonces encargado de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Queda impresionado por el trabajo de Guayasamín, le compra 5 cuadros y poco después gestiona una invitación para que el pintor visite y trabaje en Estados Unidos por 7 meses, que Guayasamín aprovecha para visitar todo los museos posibles en el país anglosajón y conocer el trabajo de artistas de nivel mundial como El Greco, Goya, Velásquez, Picasso, Renault, Orozco, etc.
Con el dinero ahorrado en su tiempo en Estados Unidos, Oswaldo viaja a México con el objetivo de conocer al muralista José Clemente Orozco, a quien admiraba profundamente. Durante su visita conoce también a Diego Rivera y de ambos aprende la técnica de pintar al fresco. En ese viaje también conoce y entabla amistad con el poeta chileno Pablo Neruda.
En 1945 emprende un viaje desde México hasta la Patagonia, viajando de pueblo a pueblo y de ciudad a ciudad, haciendo apuntes y dibujos de la que será su primera serie de 103 cuadros, denominada "HUACAYÑAN", que en quechua (una de las lenguas aborígenes de Ecuador), significa "Camino del Llanto". Esta serie relata la misera y sufrimiento que Guayasamín conoció en los pueblos aborígenes de toda América Latina durante este viaje.
En 1956, su cuadro “El Ataúd Blanco” gana el Gran Premio de Pintura de la III Bienal Hispano-Americana de Arte. En 1957 gana también el Primer Premio de la Bienal de Sao Paulo, y a estos le unirían otros premios de reconocimiento internacional.
A lo largo de su vida viaja a varios sitios en el mundo como China, India, URSS, Egipto, Grecia, y toda Europa, pero especialmente a Cuba, donde germina una gran amistad con Fidel Castro, al que pintó varios retratos.
Aunque nunca se afilia a partido político alguno, siempre milita en las causas de la solidaridad con los pueblos oprimidos, en la lucha por la integración latinoamericana, contra las dictaduras, contra los abusos y agresiones de los países poderosos e imperialistas; por la Paz.

En 1961 empieza su segunda serie, La Edad de la Ira, en la cual quería retratar los grandes lugares y hechos que se convirtieron en mataderos de la humanidad durante nuestro siglo, como fueron los campos de concentración nazis, la guerra civil española, las dictaduras en América Latina, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las invasiones a Playa Girón en Cuba, entre otros. Esta serie, decía, quedará inevitablemente inconclusa, puesto que es parte de un proceso histórico todavía en marcha.
En 1976 crea con sus hijos la Fundación Guayasamín, y a través de ella dona al Ecuador todo su patrimonio artístico, con los que organiza un museo de tres colecciones: Arte Precolombino (más de 3000 piezas), Arte Colonial (más de 800 piezas) y Arte Contemporáneo (con más de 250 obras). En este último se exhiben los cuadros pertenecientes a la Edad de la Ira, la cual fue donada en su totalidad para evitar que se dividiera, como pasó con Huacayñán.
A partir de los años ’80 empieza una nueva serie: Mientras Vivas Siempre te Recuerdo, también conocida como la Edad de la Ternura o simplemente La Ternura, la cual significa un giro esencial en los trabajos de Guayasamín. Es una declaración de amor a su madre, quien lo apoyó desde el principio a ser pintor, un “homenaje a la mujer de a tierra, una defensa de la vida, la defensa de los Derechos Humanos”.
Realizó exposiciones monumentales -más de 100 obras- en los museos más importantes de Francia, España, Italia, la ex-URSS, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, México, Cuba, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Argentina, etc. Pintó a grandes personajes contemporáneos, escritores, artistas, políticos, estadistas. Entre ellos se destacan Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Gabriela Mistral, Benjamín Carrión, Gabriel García Márquez, Ernesto Cardenal, Danielle y Francoise Mitterrand, el Rey Juan Carlos de España, la Princesa Carolina de Mónaco y suficientes otros como para llenar un libro. Este libro, en efecto, existe.
Los críticos y coleccionistas, los personajes mundiales consideran que la fecunda y personalísima obra de Guayasamín -cuya identidad es universalmente inconfundible- trascenderá porque en ella está reflejada, con ira, con ternura, la imagen de «EL TIEMPO QUE ME HA TOCADO VIVIR», como dice el propio Guayasamín en un libro editado por el Instituto de Cooperación Iberoamericano de España.
A partir de 1996 inicia en Quito su obra más importante, el espacio arquitectónico denominado "La Capilla del Hombre", como un homenaje al ser humano, especialmente al pueblo latinoamericano con su sufrimiento, lucha y logros, desde el mundo precolombino, la conquista, la colonia y el mestizaje.
Oswaldo Guayasamín fallece el 10 de marzo de 1999, aún sin ver finalizada La Capilla del Hombre, cuya primera fase se inauguró en el 2002. Este proyecto fue declarado por la UNESCO como "prioritario para la Cultura" y se ejecuta con aportes de entidades de Ecuador, Chile, Bolivia, etc., aportes que realizó el propio Guayasamín, y de la solidaridad de artistas -cantantes y pintores- de Hispanoamérica con la donación de obras y la realización de festivales musicales.
Sus cenizas descansan bajo el denominado “Árbol de la Vida”, un árbol de pino plantado por el mismo Guayasamín en la casa en que viviría sus últimos 20 años, dentro de una vasija de barro.
Su madre muere a los 46 años en una vida de privaciones y pobreza que dejan una profunda huella en un niño de tanta sensibilidad. A sus siete años Oswaldo ya imprime su vocación artística y pinta sus primeras obras, desvelándose por encontrar un lenguaje propio, utilizando leche que le cedía su madre, alimento de su hermano recién nacido, para disolver las pastillas de acuarela.
Sin embargo su vida académica fue más complicada. Fue expulsado de seis colegios por “falta de talento” y mientras su padre lo forzaba para que fuese un chico normal, como sus hermanos, que estudian para una profesión, Guayasamín estudia el rostro -en serio y en broma- de sus maestros que lo sacaban de clases por la ofensa de caricaturizarlos, uno de ellos llegó a decirle «hazte zapatero... porque no sirves para nada». Excepto para pintar.
Con desilusión de su padre, que pierde un doctor en algo, entra en 1933 a la Escuela de Bellas Artes y allí también choca con los moldes y las tradiciones; pronto es el alumno más destacado y al mismo tiempo el mejor maestro. Sus cuadros impactan a todos cuantos los ven.

Su primer encuentro con la crueldad de la vida, el azote de la violencia y la injusticia de los asesinatos, que le llena de ira y rebeldía el corazón, se plasma en el cuadro que titula "Los Niños Muertos" que recoge la brutal escena de un grupo de cadáveres amontonados en una calle de Quito, entre los que consta un chico de su barrio, su mejor amigo, de apellido Manjarrés, asesinado por una bala perdida.
Desde entonces asume una posición frente a las crueldades e injusticias de una sociedad que discrimina a los pobres, a los indios, a los negros, a los débiles.
Su nombre y ascendencia indígena, la pobreza de su infancia, el asesinato de su amigo, la crisis agobiante del año 30, la Revolución Mexicana, la Guerra Civil española, y todo lo que va sucediendo en el mundo le hacen ver y sentir una realidad que se agudiza con el paso del tiempo y frente a la cuál asume una actitud ideológica que se refleja en su concepción plástica y su actitud política.
En 1940 se gradúa de pintor y escultor en la Escuela de Bellas Artes y en 1942 gana sus dos primeros premios en el Salón Mariano Aguilera. A esta exposición asiste Nelson Rockefeller, en ese entonces encargado de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Queda impresionado por el trabajo de Guayasamín, le compra 5 cuadros y poco después gestiona una invitación para que el pintor visite y trabaje en Estados Unidos por 7 meses, que Guayasamín aprovecha para visitar todo los museos posibles en el país anglosajón y conocer el trabajo de artistas de nivel mundial como El Greco, Goya, Velásquez, Picasso, Renault, Orozco, etc.
Con el dinero ahorrado en su tiempo en Estados Unidos, Oswaldo viaja a México con el objetivo de conocer al muralista José Clemente Orozco, a quien admiraba profundamente. Durante su visita conoce también a Diego Rivera y de ambos aprende la técnica de pintar al fresco. En ese viaje también conoce y entabla amistad con el poeta chileno Pablo Neruda.
En 1945 emprende un viaje desde México hasta la Patagonia, viajando de pueblo a pueblo y de ciudad a ciudad, haciendo apuntes y dibujos de la que será su primera serie de 103 cuadros, denominada "HUACAYÑAN", que en quechua (una de las lenguas aborígenes de Ecuador), significa "Camino del Llanto". Esta serie relata la misera y sufrimiento que Guayasamín conoció en los pueblos aborígenes de toda América Latina durante este viaje.
En 1956, su cuadro “El Ataúd Blanco” gana el Gran Premio de Pintura de la III Bienal Hispano-Americana de Arte. En 1957 gana también el Primer Premio de la Bienal de Sao Paulo, y a estos le unirían otros premios de reconocimiento internacional.
A lo largo de su vida viaja a varios sitios en el mundo como China, India, URSS, Egipto, Grecia, y toda Europa, pero especialmente a Cuba, donde germina una gran amistad con Fidel Castro, al que pintó varios retratos.
Aunque nunca se afilia a partido político alguno, siempre milita en las causas de la solidaridad con los pueblos oprimidos, en la lucha por la integración latinoamericana, contra las dictaduras, contra los abusos y agresiones de los países poderosos e imperialistas; por la Paz.

En 1961 empieza su segunda serie, La Edad de la Ira, en la cual quería retratar los grandes lugares y hechos que se convirtieron en mataderos de la humanidad durante nuestro siglo, como fueron los campos de concentración nazis, la guerra civil española, las dictaduras en América Latina, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, las invasiones a Playa Girón en Cuba, entre otros. Esta serie, decía, quedará inevitablemente inconclusa, puesto que es parte de un proceso histórico todavía en marcha.
En 1976 crea con sus hijos la Fundación Guayasamín, y a través de ella dona al Ecuador todo su patrimonio artístico, con los que organiza un museo de tres colecciones: Arte Precolombino (más de 3000 piezas), Arte Colonial (más de 800 piezas) y Arte Contemporáneo (con más de 250 obras). En este último se exhiben los cuadros pertenecientes a la Edad de la Ira, la cual fue donada en su totalidad para evitar que se dividiera, como pasó con Huacayñán.
A partir de los años ’80 empieza una nueva serie: Mientras Vivas Siempre te Recuerdo, también conocida como la Edad de la Ternura o simplemente La Ternura, la cual significa un giro esencial en los trabajos de Guayasamín. Es una declaración de amor a su madre, quien lo apoyó desde el principio a ser pintor, un “homenaje a la mujer de a tierra, una defensa de la vida, la defensa de los Derechos Humanos”.
Realizó exposiciones monumentales -más de 100 obras- en los museos más importantes de Francia, España, Italia, la ex-URSS, Polonia, Checoslovaquia, Bulgaria, México, Cuba, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, Argentina, etc. Pintó a grandes personajes contemporáneos, escritores, artistas, políticos, estadistas. Entre ellos se destacan Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Gabriela Mistral, Benjamín Carrión, Gabriel García Márquez, Ernesto Cardenal, Danielle y Francoise Mitterrand, el Rey Juan Carlos de España, la Princesa Carolina de Mónaco y suficientes otros como para llenar un libro. Este libro, en efecto, existe.
Los críticos y coleccionistas, los personajes mundiales consideran que la fecunda y personalísima obra de Guayasamín -cuya identidad es universalmente inconfundible- trascenderá porque en ella está reflejada, con ira, con ternura, la imagen de «EL TIEMPO QUE ME HA TOCADO VIVIR», como dice el propio Guayasamín en un libro editado por el Instituto de Cooperación Iberoamericano de España.
A partir de 1996 inicia en Quito su obra más importante, el espacio arquitectónico denominado "La Capilla del Hombre", como un homenaje al ser humano, especialmente al pueblo latinoamericano con su sufrimiento, lucha y logros, desde el mundo precolombino, la conquista, la colonia y el mestizaje.
Oswaldo Guayasamín fallece el 10 de marzo de 1999, aún sin ver finalizada La Capilla del Hombre, cuya primera fase se inauguró en el 2002. Este proyecto fue declarado por la UNESCO como "prioritario para la Cultura" y se ejecuta con aportes de entidades de Ecuador, Chile, Bolivia, etc., aportes que realizó el propio Guayasamín, y de la solidaridad de artistas -cantantes y pintores- de Hispanoamérica con la donación de obras y la realización de festivales musicales.
Sus cenizas descansan bajo el denominado “Árbol de la Vida”, un árbol de pino plantado por el mismo Guayasamín en la casa en que viviría sus últimos 20 años, dentro de una vasija de barro.
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